Una buena cabeza... un buen espíritu... una buena disciplina y un buen motivo

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domingo, 13 de marzo de 2011

En este domingo gris..




Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó por varias horas como la mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Al cabo de un tiempo, pareció que ella ya no lograba ningún progreso. Que había ido lo más lejos que podía en su intento y que no podría avanzar más.


Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y cortó el resto del capullo. Así, la Mariposa salió fácilmente.

Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas.

El hombre continuó observándola porque esperaba que, en cualquier momento, sus alas se abrirían, se agitarían y serían capaces de soportar el cuerpo, el que a su vez, iría tomando forma. ¡Nada ocurrió!

En realidad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y alas atrofiadas. Ella nunca fue capaz de volar.

Lo que el hombre, en su gentileza y voluntad de ayudar, no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era necesario para que el fluido del cuerpo de la mariposa llegara a las alas, de tal forma que ella estaría pronta para volar una vez que estuviera libre del capullo.

Algunas veces, el esfuerzo es justamente lo que precisamos en nuestra vida.

Si se nos permitiera pasar a través de nuestras vidas sin obstáculos, seríamos lisiados.

No tendríamos la fuerza que podríamos haber tenido, y nunca podríamos volar.

Pedí fuerzas… y me dieron dificultades para hacerme fuerte.

Pedí sabiduría… y me dieron problemas para resolver.

Pedí prosperidad…y me dieron un cerebro y músculos para trabajar.

Pedí coraje… y me dieron obstáculos que superar.

Pedí amor… y me dieron personas para ayudar.

Pedí favores…y me dieron oportunidades.

“No recibí nada de lo que pedí… pero recibí todo lo que necesitaba.”

miércoles, 22 de septiembre de 2010

evita ser diogenes del rencor



Cuando dos patos se pelean, al separarse nadan en direcciones opuestas.

Después, los dos baten las alas con fuerza varias veces para descargar el exceso de energía acumulada durante la pelea.

Una vez que han sacudido las alas se van nadando pacíficamente como si no hubiera pasado nada.

Si el pato tuviera una mente humana, mantendría viva la pelea en sus

pensamientos, tejiendo historias.

Esta podría ser la historia del pato: "no puedo creer lo que acaba de hacer, se me acercó a menos de unos cuantos centímetros, seguramente se cree dueño del estanque, no tiene consideración alguna por mi espacio privado.

Nunca más confiaré en él; la próxima vez con seguridad tramará otra cosa para molestarme, estoy seguro de que ya está tramando algo pero no lo toleraré; le daré una buena lección que nunca olvidará".

Y así continúa la mente tejiendo sus historias, pensando y hablando sobre el asunto durante días, meses y

hasta años.

En cuanto al cuerpo, la lucha no ha cesado y la energía que genera en respuesta a todos esos pensamientos es emoción, la cual da
lugar a más pensamientos todavía.

Es lo que se convierte en el pensamiento emocional del ego. Es fácil ver
lo problemática, que sería la vida del pato si tuviera una mente humana.

Pero es así como viven la mayoría de los seres humanos. Nunca ponen punto final a ninguna situación o acontecimiento.
La mente y "mi historia" fabricada continúan con su ciclo interminable.

Somos una especie que perdió su camino.

En toda la naturaleza, en cada flor o árbol, en cada animal, hay una lección importante para nosotros, si tan sólo nos detuviéramos a observar y oir.

La lección del pato es la siguiente: sacudamos las alas, es decir, dejemos atrás la historia y volvamos al único lugar donde reside el poder: el presente.

              Eckhart Tolle

miércoles, 15 de septiembre de 2010

EL PODER DE LA IMAGINACIÓN


Érase una vez tres gusanos de seda que ignoraban su futuro como mariposas. Sus nombres eran: Pesimista, Realista e Idealista. Se les acercaba la hora de su transformación y empezaron a sentir los primeros síntomas….

Su voraz apetito fue desapareciendo, su movilidad menguaba a gran velocidad y, finalmente, sintieron como el capullo les aislaba del mundo conocido, de la seguridad de lo cotidiano. En la oscuridad del misterio de su futuro, tuvieron pensamientos distintos:

Pesimista se dijo a sí mismo que estaba viviendo el final de su vida, y en lo más profundo de su sentir, se despidió de los buenos momentos.

Realista se dio ánimos diciéndose que todo aquello sería momentáneo y que, tarde o temprano, todo volvería a la normalidad.

Idealista sintió que, aquello que le estaba ocurriendo, podría ser la oportunidad para que se cumpliese su sueño más preciado: poder volar. Y aprovechó la oscuridad para perfeccionar sus sueños.

Cuando los tres capullos se abrieron, dejaron ver tres realidades iguales y distintas, a la vez…

Pesimista era una bellísima mariposa, pero…. estaba muerta… Había muerto de miedo.

Realista era una hermosísima mariposa, pero…. a pesar de ello, empezó a arrastrarse como cuando era gusano. Con satisfacción, dio las gracias al cielo por haber podido seguir igual.

Idealista, nada más ver la luz del día, buscó sus alas… y al verlas, su corazón rezumó alegría, emprendió el vuelo, y dio las gracias, repartiendo su dicha por todo el bosque.”

jueves, 26 de agosto de 2010

Namasté


Esta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a saborear un delicioso té de Cachemira.

Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistentemente: “¡Libertad, libertad, libertad!”.

Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el hombre se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “¡Libertad, libertad!”.

Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto lo atribulaba el estado del animalito que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: “¡Libertad, libertad!” Al invitado se le partía el corazón.

¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Rápido, se acercó a la jaula y abrió la puerta de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla mientras seguía gritando: “¡Libertad, libertad!”.

  Cuento tomado del libro “101 cuentos clásicos de la India”.


lunes, 14 de junio de 2010

Los cuentos de Benedetti








LOS BOMBEROS


Olegario no sólo fue un as del presentimiento, sino que además siempre estuvo muy orgulloso de su poder. A veces se quedaba absorto por un instante, y luego decía: "Mañana va a llover". Y llovía. Otras veces se rascaba la nuca y anunciaba: "El martes saldrá el 57 a la cabeza". Y el martes salía el 57 a la cabeza. Entre sus amigos gozaba de una admiración sin límites.

Algunos de ellos recuerdan el más famoso de sus aciertos. Caminaban con él frente a la Universidad, cuando de pronto el aire matutino fue atravesado por el sonido y la furia de los bomberos. Olegario sonrió de modo casi imperceptible, y dijo: "Es posible que mi casa se esté quemando".

Llamaron un taxi y encargaron al chofer que siguiera de cerca a los bomberos. Éstos tomaron por Rivera, y Olegario dijo: "Es casi seguro que mi casa se esté quemando". Los amigos guardaron un respetuoso y afable silencio; tanto lo admiraban.

Los bomberos siguieron por Pereyra y la nerviosidad llegó a su colmo. Cuando doblaron por la calle en que vivía Olegario, los amigos se pusieron tiesos de expectativa. Por fin, frente mismo a la llameante casa de Olegario, el carro de bomberos se detuvo y los hombres comenzaron rápida y serenamente los preparativos de rigor. De vez en cuando, desde las ventanas de la planta alta, alguna astilla volaba por los aires.

Con toda parsimonia, Olegario bajó del taxi. Se acomodó el nudo de la corbata, y luego, con un aire de humilde vencedor, se aprestó a recibir las felicitaciones y los abrazos de sus buenos amigos.


Mario Benedetti
 

Kathys comments

jueves, 10 de junio de 2010

..cuenta la leyenda..







Cuenta la leyenda que un hermoso indio, era disputado por todas las jóvenes de la tribu, fue muerto por su rival.

Pero, como por encanto, su cuerpo desapareció transformado
en un pájaro invisible…

Desde ese día, apasionadas y tristes,las indias oían un canto maravilloso que poblaba de armonía la selva, pero se alejaba cuando ellas lo perseguían.

Era el hermoso indio que habían perdido para siempre, hechizado en un pájaro con la voz más melodiosa de la selva, era el Uirapurú

Su canto es puro y delicado como el de una flauta.

La selva amazónica hace silencio en reverencia al maestro de los pájaros. Y los indios se emocionan al oírlo.

Muy pocos tienen la oportunidad de oír al pequeño pájaro que apenas canta algunos minutos, al alba y al atardecer, durante los 15 días en el año que tarda en construir su nido

Al son de su canto, hombres y mujeres se apresuran a hacer pedidos, confiados en que han de ser rápidamente atendidos.

Muchos buscan sus plumas e incluso pedazos de nido, a los cuales atribuyen poderes mágicos

Creen que una de sus plumas dan a los hombres
suerte en el amor y en los negocios…

…y un trozo de su nido garantiza a las mujeres
la pasión y la fidelidad de su amado para siempre

Exíste otras versiones sobre Uirapurú, como en la mayoría de las leyendas. Esta es otra muy conocida en Brasil

Cuenta que un joven se había enamorado de la hija de su cacique y ante la imposibilidad de concretar la relación tan deseada, pidió al Supremo Tupá que hiciera desaparecer tanto dolor de su alma.

El dios accedió a su pedido transformándolo en un ave muy especial y le dio por nombre Uirapurú que significa “pájaro que no es pájaro”.

El joven pudo así cantar todas las noches a su amada hasta que ella se durmiera.

El cacique que escuchaba el canto, se sintió encantado y quiso poseerlo para sí.

Entonces Uirapurú se alejó para siempre de la tribu y de su amada, perdiéndose en la selva y solo canta una vez al año unos pocos minutos, pero durante ese corto espacio de tiempo toda la selva, las aves, los animales, el río hacen silencio para deleitarse con su música.


martes, 15 de diciembre de 2009

..cuento sufí..

El Sufismo, es una filosofía de la vida, una fuente de conocimiento. No es una religión o un culto, no es una obligación que alguien impone a alguien por medio de dogmas. La Tradición Sufí es una sabiduría antigua que está en los cimientos de todas las religiones, aunque es disidente de todas ellas. Al mismo tiempo es una ciencia actual, aplicable en cualquier momento y situación; y puede ser llevada por cualquier persona independientemente de su condición, así como no exige retirarse del mundo y sus problemas, sino por el contrario los utiliza para intentar el desarrollo del individuo, adaptándose a cada momento histórico.

Algunos de sus más importantes sabios y maestros han llegado a ser conocidos en Occidente, fueron muy influyentes en su época y su conocimiento ha llegado hasta nuestros días: como Ibn Arabi, nacido en la Murcia musulmana del siglo XII. Omar Khayyan Poeta Persa también del siglo XII y Rumi místico y visionario del Afganistán del siglo XIII.

Los cuentos son una forma natural de transmitir, mensajes y conocimientos y son utilizados por las culturas de todo el mundo. Además tienen la cualidad de mostrar ideas de manera sencilla y en poco tiempo que de otro modo y utilizando el intelecto serían muy trabajosas de explicar, comprender y compartir. Los cuentos se perciben con el corazón y no con la mente. De esta forma no se trata tanto de descifrarlos para ver qué quieren decir, sino más bien de permitir que se produzca su efecto sutil cuando los leemos para nosotros mismos o para otras personas.



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